El Turco Chemen revela la intimidad de su relación con Diego Maradona: “Le daba vergüenza ir a su casa drogado”

Turco Chemen
Sergio «el Turco» Chemen (Foto: Teleshow)

Participó de la despedida más íntima, esa que sólo quedará en el recuerdo de unos pocos. Y, después, tomó la manija delantera de su cajón y lo cargó con destino a su morada final. Entonces, muchos se preguntaron quién era, ya que su rostro no solía aparecer en las fotos de las revistas junto a Diego Maradona. Sin embargo, a pesar de su perfil bajo, Sergio el Turco Chemen fue uno de lo hombres que más vivencias compartió con él. “Creo que pasaba más tiempo con nosotros, los amigos, que con su familia”, dice sin poder ocultar su tristeza al conmemorarse un año de la muerte del astro.

—¿En qué circunstancias conoció al Diez?

—Primero lo había conocido a Guillermo Coppola, porque era de Barracas igual que yo. Y, en aquella época, a la cancha de Boca la tomábamos como si fuera el club de barrio. A los 12 años, ahora tengo 59, iba a ver los partidos en medio de la hinchada. Y, después, tenía la costumbre de pararme en la puerta del vestuario para ver a los jugadores. Así que todos los que trabajaban ahí me conocían. Con el tiempo me hice amigo del Loco Gatti. Y a Diego lo tenía visto, pero el acercamiento con él se dio en el ‘90 cuando yo ya estaba en Presidencia.

—¿Trabajando para Carlos Menem?

—Claro: yo era su Jefe de Protocolo. También estuve como Secretario del Ministro del Interior, Director de Ceremonial del Senado y hacía trabajos en el Concejo Nacional Justicialista. El tema es que, después del mundial de Italia, recibieron a los jugadores de la selección el la Casa de Gobierno. Y Diego, tras saludar al presidente, vino y me dio un abrazo. Ahí nos empezamos a ver y entablamos una relación de amistad.

—¿Cómo la recuerda?

—¡Era increíble! Imaginate que, después, Diego volvió a jugar en Boca. Así que íbamos todos los domingos a la cancha. Salíamos de la casa de Guillermo y era un show aparte el desplazamiento de toda la gente que iba a verlo jugar, porque nunca éramos menos de treinta. Íbamos al palco con Chitoro, la Tota, mi papá, Sonia Brucki la que era esposa de Coppola, Mariana Nannis…

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El Turco juno a Don Diego, la Tota, Mariana Nannis, Sonia Brucki y su papá en el palco de Boca (Gentileza)

—¡No faltaba nadie!

—Guillermo siempre tuvo un círculo de amistades muy grande, en el que estaba Fede Rivero, la Clota Lanzetta, Pablo Cosentino y muchos modelos. ¿Viste que él siempre fue muy fashion? Entonces, toda esa gente cheta venía a la cancha y se juntaba con los amigos nuestros que eran todos tipos de barrio e hinchas de Boca. Y, después de cada partido, lo pasábamos a buscar a Diego en unas combies llenas de pizzas.

—¿Perdón?

—Claro. Diego siempre se ponía a manejar una de las camionetas y, cuando pasábamos por el obelisco y la gente lo reconocía, abríamos las puertas y empezábamos a regalar pizzas. ¡Él se divertía así! Y sabía perfectamente quién había ido y quien no a la cancha para verlo, porque él quería que fuéramos todos.

—Para entonces ya había pasado el mundial del ´94 y el “me cortaron las piernas”. ¿Cómo estaba Maradona en esa época?

—Diego era muy particular. En esos años siempre se mostraba como un tipo muy alegre. No era el que por ahí se veía en la calle, que se molestaba cuando venía un periodista y le ponía un micrófono. Todo lo contrario. En la intimidad era divertido y no era para nada peleador.

—¿Y cómo manejaba su adicción?

—En el noventa por ciento de los casos, no lo veía nadie. Lo que hacía, lo hacía aparte. Alguno, por ahí, tuvo la oportunidad de verlo en esa situación. Pero pocas veces.

—¿Le podían decir algo?

—No. Ojo, es verdad que a él le molestaba que le dijeran “cuidate”, pero si se lo decíamos alguno de los muchachos que estábamos con él, no se enojaba. Hablo de Guillermo, Gabriel Buono, Walter Montero, Leo Sucar, Mariano Israelit, Mariano Castro, Carlos Ferro Viera, Omar Suárez y yo, que formábamos su grupo de amigos.

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Maradona junto al Turco, Gabriel Buono, Marcelo Palacios y un grupo de amigos (Gentileza)

—Algunos de ellos compartían su adicción….

—Omar y Leo no tomaban ni alcohol, por ejemplo. Así que Diego iba a sus negocios, dónde lo atendían como rey y lo cuidaban, y él se portaba de primera. Porque Maradona, rara vez, salía con algo en el bolsillo. No salía con droga a la calle. Y si lo hacía, no nos dábamos cuenta. Pero en algunos lugares, a veces, venía alguno que lo hacía desaparecer diez minutos…

—¿Gente conocida por él?

—Exacto. Pero Diego no involucraba a nadie en sus actos. No era de hacer esas cosas. Gabriel y Walter, por ejemplo, trabajaban para Maradona y recibían un pago, pero también eran amigos y lo cuidaban. Ferrito lo contó él, se hizo cargo de toda su historia y no tengo por qué aclararlo yo…

—Él dijo que consumía con Diego….

—Claro. Pero él siempre fue de frente.

—¿Y usted?

—Yo no.

—¿Alguna vez trabajó para Diego?

—No, yo tenía mi trabajo aparte. Conmigo empezó a ir a Sky Ranch. Yo le dije: “Vamos, que es un lindo lugar, podemos comer, bailar, hay linda gente…”. Y ahí la conoció a la madre de Jana, que era la moza que nos atendía.

—¿Valeria Sabalain?

—Sí. Ella me atendía a mí y Diego empezó a ir porque lo llevé yo. Ahí empiezan a salir.

—Eso fue en el año ‘95. ¿Maradona llegó a enterarse de que ella estaba embarazada?

—¿Sabés que nunca lo supe? Yo me enteré después de muchos años que Valeria había tenido una hija que, supuestamente, era de Diego. Nunca me lo dijo.

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Diego junto al Turco y Omar Suárez en El Corralón (Gentileza)

—Se supo que ella se encontraba con Maradona en la casa de un amigo y que, cuando quiso avisarle de su estado, no se pudo comunicar más con él…

—Para serte sincero, ni hablé con ella ni toqué el tema con él. Nosotros a Sky Ranch íbamos solos. Y, cuando cerró ese boliche, Leo abrió La Diosa y empezamos a ir ahí.

—¿Entonces conoció a Laura Cibilla?

—¡Era la que venía a atendernos la mesa!

—Con ella empezó a salir en el ‘98. ¿Ya había terminado con Claudia Villafañe?

—Sí, en ese año ya se habían separado de hecho. En los papeles, se divorciaron en el 2003. Pero no estaban juntos.

—¿Y por qué no lo blanqueaban?

—¿Sabés que pasa? Yo soy de los que piensan que Diego vivió y murió enamorado de Claudia. Él siempre quiso reconquistarla.

—¿Era amor o era que quería que siguiera siendo su esposa mientras él tenía otras historias?

—La conducta de Diego con las mujeres había que aguantarla…Y, realmente, no sé si Claudia se merecía estar de la forma que estaba, sabiendo que Maradona iba y venía. Pero había otro tema muy importante: a él le daba muchísima vergüenza cruzarse con sus hijas, Dalma y Gianinna, cuando estaba bajo el efecto de las drogas. Por eso es que no quería vivir en Segurola y La Habana y empieza a quedarse en los hoteles, en la casa de Ferrito después y en la vivienda de Barrio Parque que le busqué yo.

—¿De Laura estaba enamorado?

—Sí, totalmente. Pero, si vos mirás detalles y te ponés a analizar las parejas que tuvo Diego, en todas vas a encontrar algún vestigio de Claudia. Porque él siempre supo que la que le bancó todo y siempre lo cuidó fue ella, más allá de todas las idas y vueltas que podrían haber tenido como cualquier matrimonio.

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Maradona y el Turco festejando el triunfo de Boca en Segurola y La Habana (Gentileza)

—Nunca la respetó…

—Él era así…Por ahí ella se enojaba por algo y pasaban días sin hablarse. Pero él vivía reconquistándola. Me acuerdo que un día me llama y me dice: “Vení rápido que es el cumpleaños de la Dalma y le contraté Mariachis”. Yo iba con mi mujer, Ximena, porque ese ambiente a Claudia le daba cierta tranquilidad. Pero ella sabía que uno, como amigo, lo cubría en un montón de cuestiones de piratería masculina.

—Si usted le daba tranquilidad, ¿quién le preocupaba a Claudia? ¿Ferro Viera?

—Es que Maradona siempre estaba rodeado de gente. Y, así como estuvo Carlitos, también estuvo el finado Turco Abdala y nadie lo conoce. Eran los tipos que estaban permanentemente con él, asistiéndolo.

—¿Abdala consumía con él?

—Y, sí. Pero no era el que le daba droga…Compartían. Pero Claudia no tenía miedo de que estuviera este o el otro, lo que pasa es que de mi señora era amiga. Y yo no vivía las 24 horas con Diego. Pero, de los siete días de a semana, cinco estaba con Maradona. Vivió más con nosotros que con su familia. Esto es una realidad absoluta.

—¿Dónde estaba usted cuando ocurrió el episodio de Punta del Este en el Año Nuevo del 2000?

—Yo estaba durmiendo en Barrio Parque. Me suena el teléfono y era Héctor Fernández, uno de los secretarios de Menem que estaba en Uruguay porque ya había terminado su presidencia, para ver si yo sabía algo. No sé cómo se enteraron ellos antes que la prensa. Así que llamo a Guillermo. Las primeras dos veces no me atiende, la tercera sí. Estaba en pleno traslado, casi llegando al Sanatorio Cantegrill. Y me explicó lo que había pasado.

—¿Le dijo la verdad o le dio la versión que le brindó a los medios?

—Me contó que estaba preocupadísimo, corriendo para llevarlo a la clínica. Y, una vez que llegó, nos fue dando detalles de todo. De hecho, el propio Menem fue hasta ahí para ver qué pasaba.

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Diego y el Turco en el palco de Boca (Gentileza)

—¿A Cuba fue usted?

—No.

—¿Por qué?

—Suena increíble, pero es cierto: a pesar de haber trabajado en Protocolo de Presidencia, le tengo terror a los aviones. Yo volaba solo en el avión presidencial, que era el único que me daba confianza. El resto me daba miedo.

—¿Y cómo fue el contacto con Maradona durante los cuatro años que estuvo yendo y viniendo a la isla?

—Yo hacía base acá y, si necesitaban algo, me llamaban por teléfono y los ayudaba. Pero no iba.

—¿Se enteró de la relación que Diego tuvo allá con Mavys Álvarez?

—Sí, por los comentarios que hacían los muchachos. Decían que tenía una novia, pero nada más. Así que no me sorprendió. Y, cuando ella vino para el partido homenaje, yo ni siquiera la vi.

—Esa historia fue simultánea a la que tenía con Cibilla…

—Sí, era paralela. Pero no se hablaba mucho de Mavys. De Laura sí.

—¿Supo de su embarazo?

—Yo escuché que ella estaba embarazada, pero Maradona nunca me dijo nada.

—Con el nene de Cibilla, que nació en el 2003, compartió más de un año…

—Tengo entendido que sí, porque Diego pensaba que era suyo. Pero esa historia la hablaba con Leo, por su relación con Laura. Con el resto de los amigos no. El tema de los hijos era muy particular, porque no soltaba la lengua…

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El Turco junto a Alfredo Cahe en el casamiento de Gabriel Buono (Gentileza)

—¿De Junior, el hijo que tuvo con Cristiana Sinagra, nunca habló?

—No. Pero yo sí me enteré que él lo fue a ver a Italia a un campo de golf. En ese momento estaban Coppola y el doctor Castro, que lo recibieron. Y ahí estuvieron hablando mucho tiempo, cariñosamente. Diego lo abrazaba y todo.

—¿Y por qué no lo reconocía públicamente?

—Por la promesa que le había hecho a Dalma y Gianinna. Él les decía que no tenía otros hijos, que sus hijas eran ellas y nada más.

—¿Es verdad que les había dicho que Junior era hijo de su hermano Hugo?

—No me consta. Pero, inclusive, habían nombrado a otros familiares….

—¿A quiénes?

—¡Una locura! Ni pienso decirlo, porque aparte no es verdad. Y tampoco están. Lo concreto es que Diego decía que el chico no era suyo. Algunos me critican por defender a Claudia y las nenas. Pero yo conocí a esa familia.

—En la serie de Amazon ella aparece como “villana”, ¿qué opina de eso?

—Claudia vivió muchísimos años de su vida atrás de Diego para que no le pasara nada. En todos los momentos difíciles, estuvo tratando de cuidarlo. Sabía que tenía adicciones y un montón de problemas, así que para ella era muy difícil la situación. Y cuando pasó lo de Punta del Este ya estaban separados: fueron a pasar fin de año, porque seguían manteniendo una relación.

—¿Y cómo ve la representación de Coppola?

—¿Guillermo villano? No. Él se desvivía por Diego…

—Sueño Bendito lo muestra como el hombre que lo acercó a la noche y a la adicción…

—No. Que haya sido un Latin lover, como lo fue toda su vida, y haya salido a divertirse con él lo sabemos todos. Pero Guillermo ni metió ni sacó a nadie de la droga. Diego hacía sus cosas solo, no lo obligaba nadie a consumir. Y si yo lo iba a ver y tenía cocaína, no me decía: “Tomá”.

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Maradona junto a Dalma, el Turco y sus amigos viendo a Boca (Gentileza)

—A la Tota la describe como una mujer dominante, con una relación más que edípica con su hijo, y la señala como la cómplice de Diego en sus engaños a Claudia.

—El amor entre la Tota y Diego era inmenso. Él era su Pelusa. Y que le toquen a su Pelusa, era complicado…Así que yo creo que, más que nada, eran los celos de una madre con su nuera. No importaba que fuera Claudia. Dicen que ella hubiera preferido a Lucía Galán para su hijo. ¿Y quién sabe eso?

—¿Pero era así como se la muestra?

—Noooo…La familia de Diego, padres, hermanas, eran gente divina, humilde, trabajadora. Nunca te miraban mal. Si a la Tota no le gustaba algo, te puedo asegurar que te miraba a la cara y te decía: “No me gusta esto”. Pero no era una confrontación. En la serie hay vestigios de realidad y mucha ficción. Lo raro es que nadie haya venido a hablar con los que compartimos tantos años con Maradona.

—¿Cómo siguió su historia con él cuando volvió de Cuba?

—Los primeros años siguió igual. Él en el 2004 se descompone en la cancha de Boca. Se lo interna en la Suizo Argentino. Sale de ahí y va a una clínica de tratamiento psiquiátrico. Le autorizan salidas para ir a la cacha e íbamos juntos, porque a mí la Justicia me permitió acompañarlo. De ahí él quería volver a Cuba y hubo un tole tole con la familia, que la curatela, que no puede salir…Con Alfredo Cahe, Buono y Omar que ayudaba mucho haciendo panfletos que decían “Diego no está loco”, nos movimos para que le vaya al CESAM. Ahí Guille ya no estaba y todo era más difícil. Pero se recupera y vuelve para hacer La noche del Diez producido por Claudia. Ese fue el mejor Maradona de toda la historia.

—¿Y después?

—Llega el Showbol y sigue bárbaro. Después vino la Selección cuando ya estaba viviendo con Verónica Ojeda. Hasta que en el 2014 aparece esta gente. Entonces le ponen cuatro puertas de hierro y todo lo que era su pasado no aparece más. Porque no dejaban que apareciera…

—¿Quién es “esta gente”?

—Matías Morla. Igual, siempre había uno de los nuestros. Walter fue el último que estuvo con Diego hasta el 2019. Lo que pasa es que él en Dubai empieza a ver cosas que no le gustaban, desmanejos económicos y cosas relacionadas a su salud. Y, cuando tenía un segundo, lo ponía a un costado a Maradona y se lo decía. Así que, después, Rocío Oliva y el abogado lo sacaron del medio.

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Maradona gritando en la cancha, el Turco secundándolo atrás (Gentileza)

—¿Usted siempre pudo hablar con él?

—Sí, porque también estaba Johnny, su sobrino. Una vez Diego me pidió ayuda para que le diera trabajo y yo le conseguí un puesto en el Gobierno de la Ciudad. Entonces había un nexo. Y yo me enteraba de todo. También había otra persona más que no quiero nombrar, que me contaba todo exactamente. Él estuvo hasta el ultimo día con él. Y otras cuestiones las sabía porque el abogado hablaba con políticos sin saber que eran amigos míos.

—¿Cómo se enteró de la muerte de Diego?

—Mirando la televisión. Luis Ventura tiró algún rumor y después dijo que se murió. Agarré el teléfono y, por instinto, lo llamé a Coppola. No me atiende. La llamo a Claudia, con la que tenía contacto a diario desde el 30 de octubre cuando lo había visto tan mal en la cancha de Gimnasia, y ella me lo confirmó. Después me llamaron de Presidencia de la Nación para decirme que estaban a disposición. Y decidimos que lo mejor, siendo que Maradona era de los argentinos, era despedirlo en la Casa de Gobierno.

—¿Qué le pasó en lo personal al recibir la noticia?

—No voy a decir la frase: “No lo puedo creer”. Pero para mí es como que está. Como que en algún lugar del mundo debe estar dando vueltas haciendo sus travesuras. Lo digo y me pongo a llorar. Porque es inevitable después de haber vivido todas las cosas que uno vivió. Nosotros pasamos muchas cosas lindas y muchas más feas. ¿Pero sabés qué? En esas muchas más feas, era cuando más unidos estábamos. Hablo de cuando no había plata, cuando estaba solo, cuando estaba muy gordo, cuando nadie lo quería, cuando no tenía un lugar dónde vivir… Diego decía que no tenía casa. ¿Sabés cuál decía que era su hogar? El palco de la cancha de Boca.

—¿Se fue con asignaturas pendientes? Porque en los últimos años se reconcilió con Jana y Junior, se revinculó con Dieguito Fernando, intentó ver al hijo de Cibilla…

—Quizá le pudo haber quedado esa reunión de los 60 años o el hecho de lograr que todos los hijos se llevaran bien….Yo creo que le han quedado millones de asignaturas pendientes. No cumplió sus deseos. Sí cumplió el de llegar a la Selección y ser técnico, de dónde nunca se tendría que haber ido, pero no sé…

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El Turco Chemen llevando el cajón de Diego Maradona (Gentileza)

—¿Fue feliz?

—A su manera, sí. Pero creo que en los últimos años la realidad se le vino encima. Porque, si no, no se entiende el deterioro. Cuando él tenía los problemas que tenía en la época nuestra, yo le decía: “Tu vigencia es eterna”. Y él se me reía en la cara. Me respondía: “La gente ya no piensa en mí”.

—¿De verdad creía que no iba a trascender?

—¡Si! Muchas veces yo estaba en mi casa y me llamaba para que le llevara una pizza. Entonces yo iba con una de los Campeones y, cuando terminábamos de comer, agarrábamos la camioneta e íbamos a dar una vuelta. ¿Para qué? Para que la gente lo saludara. Hacíamos una cuadra y todos gritaban: “¡Diego, Diego!”. Entonces él se volvía contento.

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